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¿Conoces las angustias de Lola por los celos que producen su desconfianza? Primera Parte

¿Conoces las angustias de Lola por los celos que producen su desconfianza? Primera Parte

A la “petit Lola” la llamaban así porque en efecto era más bajita que la media de las mujeres de su cultura. Lo que le faltaba de tamaño lo tenía de mala leche. Y nunca mejor dicho, porque la relación con su progenitora fue terrible.

Quien la trajo al mundo, no fue lo que los libros de crecimiento familiar señalarían como “ejemplar”. Para empezar, era grande, robusta y cada vez que hablaba llenaba el recinto.

La “petit Lola” por su parte, solo desarrolló una voz audible cuando en la adolescencia decidió que ya estaba bien de tanta humillación y que iba a cambiar el sino de perdedora que su madre y sus hermanos (menos su padre) le habían marcado desde pequeña. Ya les contaremos otras historias.

Este párrafo es para contar de cuando Lola casi se vuelve loca por un ataque de celos. Sus cientos de inseguridades no le hacían fácil conseguir pareja y cuando por fin cuajaba alguna, se la cargaba con sus reclamos y sus desconfianzas. ¿Con quién estabas? ¡Con quién hablabas? ¿Dónde andabas? ¿A quién le enviaste mensajes? ¿Por qué tardaste tanto? ¿Por qué no me contestaste a tiempo? ¿Por qué me dejaste en visto? ¿Por qué tienes la camisa tan arrugada? Y todo un relicario de preguntas y sermones que terminaban agotando al más paciente de los mortales hasta que la volvían a dejar sola.

Hasta que un día conoció a Celio, que haciendo honor a su nombre era igual o peor de celoso que la Petit Lola. Como dice el dicho, “se juntó el hambre con la necesidad”. Pero hoy tampoco es el día de contarles las guerras mundiales que este par armaban, cuando se les disparaban sus inseguridades.

Lola lloraba un día sí y otro también. Se sentía la más fea, la más bruta, la más fría, la más torpe, la más histérica y en ocasiones, aunque le doliera repetir las mismas palabras que su madre le dijo tanto tiempo, la más “malparidita”.

El momento más difícil llegó cuando Lola empezó a pensar que ella sobraba en este mundo y que éste estaría mejor sin ella. Cada vez que estaba deprimida la idea de desaparecer de alguna manera le atraía más. En los días “buenos” le parecía una locura y concluía que de hacerlo le estaría dando la razón a su madre, por lo que se sentía culpable por haberlo pensado.

 

Y así vivía Lola, en un columpio de emociones (lo de montaña rusa está bastante trillado, aunque creemos que es una imagen más acertada). Quería tener una relación tranquila y constructiva, pero los celos, con el equipamiento de serie de las desconfianzas, no la dejaban. En el fondo, su autoestima dañada la llevaba a la conclusión de que tal vez no se merecía una relación así.

No solo era por las desconfianzas que le generaban sus pocos amantes, sino porque ya venía así de fábrica y se colapsaba fácilmente con cualquier eventualidad. Los días buenos en un mes, se contaban en la mitad de una mano, y era prácticamente un milagro verla sonreír de manera honesta. Una carcajada, monumental y batiente, se contaba con la misma media mano, pero cada año.

Cuando Lola llegó a nuestra consulta tratando de encontrar remedio para sus celos (y su vida en general) quería saber por qué era tan desconfiada con sus parejas y si siempre sería así.

Este artículo es el relato de una parte de nuestra respuesta. Terminamos escribiéndoselo porque en medio de todos sus dolores, la Petit Lola, debido al estrés que manejaba, no se acordaba ni de la mitad de lo que tratábamos en consulta. Así que le enviamos el siguiente escrito.

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